
La duración del fluido contenido en la instalación depende de dos variables:
- La adecuación del fluido a las condiciones de trabajo.
- El diseño de la instalación.
Si disponemos del aceite adecuado para nuestras condiciones de trabajo y la instalación está bien diseñada y ejecutada, el fluido térmico debería durar muchos años, casi tantos como la caldera.
De lo contrario, el aceite empieza a degradarse y el proceso de deterioro puede llegar a ser muy rápido, obligando a cambiar el fluido mucho antes de lo previsto.
Es muy recomendable dejarse asesorar por el fabricante de la caldera. Por un lado, el fluido siempre soporta temperaturas mayores a la de trabajo y como fabricantes, sabemos qué temperatura máxima soporta un fluido térmico a una temperatura de trabajo determinada. Y también qué condiciones de instalación requiere cada tipo de aceite térmico, si puede ser abierta al exterior, inertizada con nitrógeno, etc.